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martes, 10 de noviembre de 2020


Norman Rockwell nos dejó en Noviembre del 45 una bella estampa, el veterano que vuelve de la guerra mundial colaborando con la cena de Acción de Gracias con su madre o abuela. Llamadme cursi pero la expresión de la mujer lo dice todo o casi todo de cuanto puede expresar alguien que tras aquella (o esta, o cualquier otra atrocidad) recibe al hijo o nieto sin haber perdido a nadie.

Noviembre empieza bien. Lloviendo, como corresponde, triste, como corresponde al otoño de un año  más triste pero cargado de buenas noticias de menor a mayor:

-Los Franco han  de devolver el Pazo de Meirás al Estado. Bien.

-Los Franco no pueden sacar nada (que no hayan expoliado ya) del Pazo de Meirás. Bien.

-Trump, especie de anticristo aun peor que Margarita la Maestra (del mal), pierde las elecciones debatiéndose como gato panza arriba y dispuesto a morir matando. Bien.  

-Se empieza a producir masivamente una vacuna anticovid tres días después de que Trump, el maldito peor aun que Espe la Invulnerable, pierda las elecciones. Era más que evidente que del resultado de esas elecciones iba a depender el futuro de la Pandemia.

Una enfermedad calculada, proyectada, inoculada y que no ha matado a ningún ricachón a pesar de que sean población de riesgo no puede más que estar al servicio de alguien. Los ricachones prebostes y oligarcas del mundo siempre han tenido o vacuna o tratamiento efectivo mientras miraban la demolición de una civilización que no les convenía. De que Trump el innombrable, peor aun que la terrible Anabelle tan mítica como real, ganara o perdiera las elecciones dependía seguir dejando caer la civilización hasta el colapso del cual estamos al mismo borde o "repentinamente" encontrar un remedio.  Era obvio. Pongámonos en lo peor, que ese supuesto remedio no sea tan efectivo como quisiéramos, o incluso que sea un cuento chino (nunca mejor dicho) ha aparecido como algo que se nos estaba negando a los frágiles cerebros humanos destruyendo así muchas mentes más o menos equilibradas: un final del túnel. Hasta que Trump, el infame, peor aun que Saurón, señor de Mordor, sólo por el hecho de existir, no pierde las elecciones no aparece ese final. La pregunta es ¿a quien conviene esto? No a China, dicen, que preferiría tener un enemigo claro y casi tan virulento como er bisho pero más dañino por que las pandemias pasan pero las obras de gentuza como Hitler, Stalin, Vlad el empalador, Margarita la Maestra, o aquel santo que dijo "matadlos a todos que Dios eligirá a los justos", permanecen durante siglos.

Lo que nos lleva a las buenas noticias menores sobre las que sólo voy a hacer un comentario, mejor dicho, dos: uno, ya era hora, dos, si no me equivoco esa propiedad era de Doña Emilia Pardo Bazán ¿Qué ha sido de su biblioteca?

Seguimos en el horror, pero de algún modo tenemos algo a qué agarrarnos en medio del naufragio. ¿No es suficiente para una sonrisa después de tanto tiempo?

 

domingo, 1 de noviembre de 2020

OCTUBRE (O CASI)


Quizás nunca más oportuna la imagen de Rocwel que este mes, al que llego tarde cual conejito presuroso de Alicia, enfrentados por unas elecciones. La única diferencia entre esta portada y la actualidad es que ahora nos enfrentamos a un loco y a un Apocalipsis y no a una riña doméstica
.

He llegado tarde a octubre y por varias causas, la primera es por que ha sido un mes complejo para mí, me tenía que haber operado de una intervención menor pero vi tal desbarajuste en urología que lo dejé para mejor ocasión. Luego estuve intentando encontrar algo que fuera, si no alegre, si al menos neutro y solo encontré desvergüenza, dolor y angustia allá donde miraba. Ah, y miedo. Un miedo tan lógico como desmedido y en muchas ocasiones irracional. Desvergüenza: vivo en Madrid y no hace falta decir más de como la New Aguirre.2 está gestionando la crisis, más ladrillo y desmantelar centros sanitarios para rellenar el nuevo y contratación cero. Dolor, es evidente que los contagios crecientes, las muertes, el desastre que se está produciendo en los hospitales, la visión de la gestión de los supuestos líderes de usar nuestra salud como arma arrojadiza y falsear todo lo falseable tantas veces como sea necesario, las tragaderas de una nación (varias si nos ponemos políticamente correctos) que no ha defenestrado literalmente a esta gentuza, la marrullería intoxicante de los medios y el completo desamparo de los ciudadanos no puede sino producir dolor. Angustia, no sabemos qué hacer, no sabemos como protegernos, ni siquiera sabemos si hay algo de verdad en todo lo que nos dicen según quien nos lo diga, no vemos luz al final del túnel ni nadie que intente ponerla desde una actitud positiva sin engaños, no vemos a quienes amamos, abrimos el ascensor con el codo, y, en suma, estamos sembrando nuestra mente con semillas de enfermedad mental basada en el miedo. Si alguna vez acaba esto, las enfermedades mentales tipo agorafobia, miedo social etc. van a ser el pan nuestro de cada día y lo peor será que los profesionales encargados de curarnos estarán tan mal o peor que nosotros. Miedo, al contagio, al vecino que pueda estar contagiado, a ir al médico no me vayan a pegar algo. Ahora mismo acabo de llegar a casa. Me paro en un paso de cebra con mi mascarilla y a un metro bien largo de otro señor que con su mascarilla esperaba como yo para pasar y se alejó de mí como si fuera uno de los leprosos de Ben-hur. Ese miedo que se pega a la piel, a las paredes, a las palabras, ese miedo por el que nos estamos dejando invadir, que hace que antes de salir de casa nos lo pensemos es mil veces peor que el Covid, no como enfermedad real sino como algo mucho más contagioso y global, castrante y humillante. Yo tengo auténtica fobia a las epidemias desde niño a pesar de lo cual pongo mis destos sobre la mesa cada mañana y me voy a la calle a tomar el sol, hacer la compra o ya me busco cualquier excusa pues ceder un día, vale, dos, quizás, tres ya es condenarse para siempre. Eso yo que tengo fobia a las epidemias pero es que quienes no la tienen, los valientes de antes, ahora se atrincheran en sus casas y casi diría que atrincheran su alma para no reconocer siquiera que ni se atreven a pensar que lo que sienten es miedo irracional y argumentan razoneros como los adictos al tabaco.
Me pregunto si cuando pasen las elecciones y las gane Trump de nuevo y si no las gana las compra como Bush, o Aguirre.0, no ocurrirá algo mágico como que, además de las subidas de las bolsas, empiecen a aparece remedios o vacunas, o al revés el virus se potencie depende de qué convenga a quien. Sea lo que sea de esas elecciones depende el futuro der bisho y el nuestro,  claro.
Cada año hacía una entrada sobre la devoción a los fieles difuntos en un día como hoy y ponía lamparillas (en algunos sitios las llaman mariposas) en recuerdo a ellos. Este año tengo una linda gatita que aunque es un cielete y nada traviesa no deja de ser gata y curiosa de manera que no puedo dejar fuegos encendidos, además no habría suficientes mariposas para todo lo que ha muerto este año y no sólo por el Covid.

martes, 8 de septiembre de 2020

SEPTIEMBRE: EN TIEMPO DE PANDEMIA, A TIRO DE DOS

 Seguimos con las portadas de Rocwell para este año que parecía iba a ser normal. De haber sabido lo de la Pandemia habría buscado algún autor más adecuado pero hasta enero seguiremos con él.
El otro día lloré, y conste que no soy de lágrima fácil, casi ni difícil, me cuesta mucho soltar el moco, pero esta vez no pude evitarlo y fue de pura alegría. Naturalmente en tiempo de pandemia esta noticia ha pasado desapercibida para los medios y por tanto para el público en general más preocupado de la distancia entre las mesas de los bares que de otros temas. El caso es que la OMS ha declarado libre de polio a Africa después de que Nigeria quedara limpia. Esto viene a querer decir que hay un número muy reducido de casos que no pueden provocar epidemia por la vacunación de los demás niños.
Yo y mi generación fuimos las últimas víctimas de esta maldita enfermedad y cada vez que un crio se vacuna para mi es un triunfo personal. Nadie que no tenga o haya tenido cerca un caso puede hacerse idea de lo que hace con nosotros y menos aun de las secuelas y las consecuencias de esas secuelas a todos los niveles. Es algo que no le deseo a nadie, y digo a nadie, ni al ser más detestable de la humanidad ni a los culpables de que yo la tenga (que los hubo). Ahora estamos a tiro de dos de eliminar por completo la puta polio: Iran e Irak. Será la segunda enfermedad que se erradique con las vacunaciones después de la viruela. Así que sí, que incluso en tiempo de pandemias y temores, aparecen destellos de luz. Ojalá no me muera sin haber visto esa victoria de la humanidad que pasará desapercibida por que no ocurre en el Occidente "civilizado".

martes, 25 de agosto de 2020

AGOSTO

Este mes, otra vez casi no llego. No sería por falta de temas. Ha sido, quizás por exceso. Empecemos por el de menor importancia: el emérito.
Casualmente estoy leyendo ahora una serie de biografías y libros de Historia/cotilleo y, claro, cada quien sirve a quien sirve, al fin y al cabo uno es uno y sus circunstancias. Sin embargo, una cosa he sacado en claro hasta el más infame de los reyes de este país (léase Fernando VII, el rey felón) no salió de España de noche, sin destino conocido y sin correr riesgo su vida. Incluso otro monarca que no sería nunca ejemplo de buen nada (ni gobernante ni nada) Alfonso XIII al proclamarse la República y con la familia real huyendo de la corte por el peligro físico que en esos primeros momentos se suponía que corrían (la sombra de los Romanov estaba aun candente) embarcó en Cartagena con luz y taquígrafos, en pleno día y con la "gallardía" de dar un duro creo recordar a cada marinero de la tripulación del barco que le llevaba al destierro. Mi abuelo, de quien he heredado mi debilidad por las monarquías y los cotilleos históricos decía que "fue un caballero pero fue un cobarde", me vale como definición de Alfonso XIII.
Juan Carlos I hubiera podido pasar a la lamentable historia de este país -historia hecha de genios desperdiciados, proyectos incompletos, y posibilidades perdidas) como quizás el mejor rey del país, y seguro como el mejor de los Borbones (a Alfonso XII no le voy a contar por la brevedad de su reinado). Si hubiera abdicado 10 años antes, o con motivo del matrimonio de Felipe VI o, mejor aun, con el nacimiento de la Infanta Doña Leonor, dejando la sucesión garantizada, Así hubiera pasado a la historia, como uno de los grandes reyes de este siglo y de este país. Ahora, si a Alfonso XII se le llama el pacificador, a Jaime I el conquistador, a Fernando de Aragón, el Católico, a Felipe II el rey prudente a -lo digo con todo el dolor de mi corazón metafórico- Juan Carlos I no va a quedar más remedio que llamarle "El prófugo". Culpable o no la huida a hurtadillas es un deshonor del que no podrá librarle nadie. Lo malo es el pastel que deja a Felipe VI y en una situación crítica a todos los niveles desde la desconfianza general y absoluta en todas las instituciones a la Pandemia. Además rodeado de un grupo de politicastros sin visión de estado ni de futuro del que no excluyo a nadie.
El problema más importante, empero, es PP (Puta Pandemia, mal pensados) sabíamos que las fiestas veraniegas no las iban a evitar ni todos códigos penales del mundo pero conservábamos contra toda esperanza que hubiera algo de sensatez. Se ha demostrado que no. Las juergas vacacionales han vuelto a casa poco a poco y claro, Madrid se dispara. Se nos viene encima otro confinamiento con el agravante de los negacionistas. Sin contar con la cicatería de los gobiernos autónomos a la hora de contratar personal sanitario que aun no se ha recuperado de lo que nos cayó encima en marzo. Si, el jinete pálido está aquí, a ver si el celebrado sol español le da un poquito de color y a nosotros una pizca de esperanza entre tanto desastre

lunes, 3 de agosto de 2020

HOMENAJE JOCOSO A FEDERICO

En estas fechas se suman aniversarios cuanto menos tristes (Marilyn) cuando no espantosos (Federico) o directamente apocalíptico (Hiroshima) sobre ello tenemos la que tenemos encima de manera que se me ha ocurrido echarle un poco de humor con todo el respeto a Federico, por supuesto. El caso es que me he propuesto aprenderme de memoria el Romancero Gitano pero La casada infiel se me ha atravesado de mala manera y a base de intentarlo ha ido saliendo esto.

Yo me la llevé al río
Creyendo que era mozuela
Pero tenía marío,
Novio, amante
Y un curita de Almería
Con el que jodía bastante.
Y un petimetre cualquiera
De sinvivir anhelante,
Y  un pescador de Alicante,
Y un barbero muy apremiante.
Y uno con el rabo grande
Que resultó ser viajante.
Y un vendedor de Sigüenza
Un poquito sinvergüenza,
Y un cómico de la legua
Que tenía buena lengua
Y era del puerto el amor
De un marinero ligón.
Y un pastelero dulzón
Con gusto a miel y limón
Y un cacique que con guita
es que la tenía loquita
Y un bailaor saleroso
Con ínfulas de famoso
Y un juez severo y duro
Que se las daba de puro
Y un Norman taxidermista
Que siempre la tenia lista
Y un futbolista drogado
De lo más considerado
Y un profesor jorobado
Que ejercía de abogado
Y uno más chulo que un ocho
Con fábrica de bizcochos
Y un yogurín desnatado
Y un viejo verde tronado
Y un divorciado endeudado
Y un obispo consagrado

¡Y yo que me la llevé al río
Creyendo que era mozuela
…. y no solo tenía marío!

domingo, 19 de julio de 2020

EL EMERITO


Hace unos días leí a un compañero bloguero argentino que este está siendo un "año de mierda", (reconozcamos que con acento porteño la frase gana mucho). Es evidente, no sólo tenemos una pandemia prevista desde hace años (leí también a un epidemiólogo que afirmaba que se esperaba una pandemia desde el 2000) sino que en general las estructuras e instituciones están quebrando a nivel global (otro zar en Rusia, y el pirao en Yankylandia, por ejemplo y una crisis de confianza en ellas absoluta. En otras palabras: no nos creemos nada de lo que nos dicen los que se supone que saben de lo que hablan.
Así están las cosas globalmente pero como siempre lo más individual es lo más universal. Una excusa como otro cualquiera para abordar el tema lo que supone para un monárquico por convencimiento y por tradición familiar y nacional. Siempre he pensado que un jefe de estado no cambiable es más rentable que mantener indefinidamente a una sucesión de jefes de estado (que pueden ser gente como Berlusconi, o similares) además de los Presidentes de gobierno (o lo que sea). Además del respeto que siento por todo lo que implique una tradición. Me apasionan los asunto dinásticos y demás, lo llevo en la sangre sin que eso tenga que ver con mi ideología.
Dicho esto he de continuar afirmando que como monárquico me siento dolorido.
La entrada podría haberse titulado: "Otra oportunidad perdida", España lleva toda su historia de oportunidades perdidas y de errores históricos, una especie de maldición. Si Isabel II hubiera sido varón nos habríamos ahorrado un montón de guerras y muertes. Si Alfonso XII hubiera durado veinte años más quizás hubiera vigilado a su hijo y no nos habría llevado a la República que sólo tenía el defecto de estar en manos de gente de altísimo nivel político, intelectual y ético, y por tanto muy lejos de entender un país de analfabetos regidos por el cacique y el párroco, dando lugar a otra oportunidad perdida y a un millón de muertos.
El Emérito ha tenido en sus torpes manos el poder haber pasado a la historia como uno de los mejores Reyes de este país y la ha defenestrado ya en la recta final. Hoy Juan Carlos I es difícilmente defendible y los monárquicos hemos de bajar la cara y confiar en que la rama Hannover de Felipe VI por parte de la Reina Sofía, sepa y tenga ocasión de borrar o al menos difuminar los daños que el Emérito ha hecho a la institución.
El aforamiento es en si mismo aberrante, cuanto más en una institución exclusivamente representativa y que, por definición (aunque suene muy confuciana), debe ser ejemplar. Ahora mismo no está el país para añadir más crisis como la que supondría un debate sobre Monarquía/Republica. Hace falta mucho pulso para manejar esta situación y no creo que hoy haya nadie en el mundo político con talla suficiente.
Leo que el Emérito está dispuesto a alejarse de la órbita de Zarzuela pero no quiere dejar su título de Rey. Mala memoria, Majestad, mala memoria. Don Juan, vuestro padre, renunció a sus derechos dinásticos en favor vuestro "por España, siempre por España"  fue su frase teatral, excesiva y melodramática en demasía. Plantear un problema por ese título es simplemente antipatriótico y mal seguís el ejemplo de vuestro nada ejemplar padre.
Al lado de la Pandemia y de los tintes apocalípticos que se empeñan en dar los medios con medias verdades y datos incompletos, el asunto del Emérito carece de sentido. Lo sé. Sin embargo, me preocupa que se use para liar aun más la situación actual ya de por sí siniestra.

domingo, 12 de julio de 2020

JULIO: UN HOMBRE LLAMADO ANTONIO



            Llegamos juntos al barrio, todo el barrio se pobló en unos meses del 62, lo que no es decir mucho pero sí que éramos de la misma edad. Antonio era hijo del tendero de mi calle, un ultramarinos que vendía de todo por era la única tienda de todo el barrio –una isla entre cementerios y rio-, al padre se le conocía como El Gordo creo que huelga decir por qué y lo cierto es que nunca les traté mucho hasta hace pocos años, entre otras muchas cosas por que mientras yo me dedicaba a estudiar y “hacerme un hombre de provecho” (me carcajearía si lo que voy a contar fuera otra cosa) el se dedicó a vivir, mal, pero a vivir. Nuestros veinte años coincidieron con los 80 y la cúspide quizás de la drogadicción en el país, que no solo de movida y politiqueos claves de la historia se vivía tampoco entonces, algunos incluso centrábamos todo, pero todo, nuestro interés en esa décima que pasaba del 4’9 al 5, o sea del suspenso al aprobado por los pelos. Que nunca haya entendido como en un examen de humanidades se pueda calificar con décimas no quita que aquel 4’7 de arte árabe aun sea uno de los puñales que atraviesan mi académico corazón aunque, a fuer de ser sinceros académicamente soy como La Montiel: “ya no tengo corazón”, chim pom. Lo dicho, que mientras yo con todos mis compañeros íbamos de intelectuales (o intentando llegar a serlo) tragándonos cosas como “A la búsqueda del tiempo perdido” o “El cuarteto de Alejandría” (¡Confesión! Nunca pude acabar ni el primer capítulo de ninguno de ellos pero me guardé muy bien de que nadie se enterase) Antonio vivía, mal, pero vivía. Algunos teníamos muy claro que hacer con nuestra vida y nos salió mal, Antonio y otros miles no tenían ni pajolera idea de qué hacer con la suya ni les importaba, y también les salió mal.

            Acabó enganchado a la droga, supongo que a la heroína que era lo que se llevaba por entonces, pero no lo sé, teniendo un hijo muy joven, no sé a qué edad pero sé que la última vez que hablé con él me hablaba de un nieto de cinco o seis añitos, teniendo en cuenta nuestra edad muy joven tuvo que ser, casándose con otra adicta y todo ello en medio de una lucha desesperada por su parte y por parte de toda la familia, incluida su mujer que salió antes que él, para sacarle de aquel abismo. Había largas temporadas en que, sin oficio ni beneficio, se mantenía limpio y trabajando de peón, otras en que para mantenerse limpio tenía que recluirse en los huertos que sus padres conservaban en el pueblo, vigilado y apoyado por todo el pueblo, y otras en que se hundía de nuevo en el consumo. Una lucha titánica que se llevaba casi todos los ingresos familiares, que quizás valiera, para que sus hermanos menores ni se acercaran a las drogas pero que terminó por dar sus frutos. Desenganchados ambos, se instalaron al lado de casa, en el bloque que hace esquina con el mío y fueron criando sus hijos como buenamente pudieron. He de reconocer que desde mi ventana veía la pequeña plantación de marihuana creo que era, un pequeño invernadero que siempre estaba encendido, así que durante un tiempo el desenganche no fue total, evidentemente, pero si fue lo suficiente como para llevar una vida normal. Un día el invernadero desapareció y ahí fue cuando personalmente di por vencido el problema. Craso error. No por qué no hubiera desaparecido o vencido el problema de adicción, a las claras estaba que sí, sino por qué de ahí nadie sale indemne.

            Con cincuenta y muy pocos años su mujer a quien conocía de vista pero nunca supe ni como se llamaba empezó a pagar las consecuencias con su hígado lo que la llevó a la tumba dejando dos hijos ya casi adultos. Antonio había empezado a pagar con problemas de tipo depresivo, ausencias, alguna borrachera ocasional, que no fueron a mejor con la muerte de su mujer a pesar seguir adelante con su vida y acabando de criar a sus hijos con un par, si se me permite la expresión. En general nunca se sabía si iba colgado, borracho o limpio, a tal estado había llegado pero cuando charlabas un par de minutos te dabas cuenta de que ni borracho ni drogado y de que, además, era buena gente. Los hijos crecieron, la hija, una preciosa criatura que no sé a quién habrá salido pues por ambas partes son físicos recios, fuertes y toscos mientras que ella es una porcelana del XVIII para que el orgullo de su padre se le escapara por los poros a chorros, se colocó y pasó lo que tenía que pasar. Encontró una pareja y se fueron a vivir juntos, y Antonio se quedó sólo, naturalmente en paro, con la casa vacía y la cabeza dando tumbos.

            Hará más o menos un año estaba paseando por el barrio y me sorprendió que se me acercara para pedirme treinta euros. Nos conocíamos de siempre pero nunca habíamos cruzado más de tres palabras y aun así en pocas ocasiones. En atención a su historia y a lo majo que es siempre su padre con mi familia solté los treinta euros. “Es que no tengo nada y me hundes el fin de semana si no me los dejas”. Los di por perdidos, obviamente, pero me dolía más pensar que hubiera vuelto a recaer. Las adicciones son cabronas en esa pertinaz y eterna insistencia y en cualquier momento atacan, y puedo decirlo por qué soy un adicto al sufrimiento inútil (parecerá una majadería pero no lo es, de hecho es adicción que agria la vida al más pintado). Cual no sería mi sorpresa que unos meses después me llama desde la esquina y me comenta que le van a pagar un premio de la lotería que le había tocado y si me esperaba me pagaba ya. Estuvimos charlando un rato hasta que, efectivamente, contra lo que pudiérase pensar, llegó un señor le pagó, y yo cobré.

            Durante aquel rato me estuvo comentando que se le caía la casa encima y que, salía sin saber donde ir, que acababa en el bar, y por eso intentaba no salir, que estaba pendiente de que le concedieran una minusvalía por los daños en su cerebro, en suma que andaba el hombre deprimido y pensando en vender la casa y comprarse una autocaravana pequeña para no ahogarse en la soledad de la casa. En fin que luchaba como buenamente podía con la depresión que seguramente tenía o al menos le rondaba.

            Pocos días después se decretó el confinamiento y al bajar a comprar vi que en su portal había un cartel diciendo que el vecino del pisto tal letra cual, se ofrecía para hacer las compras a quien lo necesitase, algo muy a tener en cuenta pues en estos bloques hay mucha gente de mucha edad. Era Antonio el único que se había preocupado de ayudar a los demás. Al poco tiempo, un vecino me contó que le habían encontrado muerto. “Sobredosis” pensé, como todos, pero no.  No fue una sobredosis sino un suicidio con pastillas de las que tomaba para sus problemas neurológicos. Medicamentos siempre peligrosos. Rodeado de cajas vacías y solo. Ya sabemos lo que suponía morirse de lo que fuera en el confinamiento. Yo no lo vi pero me contaron que el velatorio fue hasta que se lo llevaron enfrente de la casa con los hijos y amigos bajo la lluvia. Al fin la vida pudo con él pero, eso sí, hizo falta una pandemia a escala mundial y la absoluta soledad para que cayera ante ella.