A ver su no pierdo los nervios que en este tema como diría Maria Barranco en Mujeres al borde de un ataque de nervios "eztoy mu cencible, Pepa". Analicemos seriamente antes de organizar batallones de fusilamientos. Quede claro que no como carne, salvo pollo, "!jamón" de york, pechugas de pavo desgrasadas y bajas en sal. Podría comer conejo pero un día miré a los ojos a uno y va a ser que no. Es la ventaja de los pollos no se les pueden ver los dos ojos de frente. Es más cuando podía comer carne lo hacía poco, no soy carnívoro pero es que la cosa ya está empezando a tocar los destos al mismisimo Galeno. Coñoya.
A ver: la carne roja, dicen ahora, que produce cáncer, pero sin embargo es necesaria por las proteinas y lo digo por que lo que lleve de carne el "jamón de york" o las pechugas de pavo es lo mismo que tengo yo de sumo sacerdote azteca o mohicano.
El pescado blanco: no engorda -si es a la plancha, claro- pero tampoco produce el puñetero omega 3
El pescado azul al igual que los frutos secos engordan una barbaridad pero aportan otra barbaridad de omega 3 también conicido como HDL.
La sal: yuyu total pero su ausencia total provoca meones sin cuento, tengo una experiencia familiar al respecto.
El aceite ha de ser de oliva pero hace veiticinco o treinta años era puro veneno para el corazón y los pobres pacientes tenían que comerse sus berzas cocidas con algo de pescado blanco sin sal y con esa cosa llamada aceite de girasol o de lo que fuera.
El pan está erradicado de cualquier dieta por que no sé que leches dicen que hacen con los alimentos pero es antidepresivo.
Lo mismo del chocolate.
Las berzas y las frutas son sanísimas pero cuidado, o padeces el mal del siglo del estreñimiento o te andas de ..... cada media hora. Además es curioso que los animales más grandes (obesos) del mundo sean herbivoros.
Los dulces: anatema puro, malos para todo, pero el cerebro para funcionar necesita glucosa, que quizás nos pasemos, de acuerdo, pero la necesita.
El arroz estriñe y encima dicen que si no es integral no contiene alimento.
Ah, para el corazón hay que adelgazar, no importa cuanto se pese, y comer pescado azul y frutos secos. Olé mi niño.
Las patatas cocidas o asadas sin sal por supuesto. Claro que también engordan y eso es malísimo para la artrosis.
El pollo está cuajadito de hormonas y antibioticos para ponerlos gordos pero que hacen que esos antibioticos no tengan ya efecto en nuestro organismo. Sin contar con lo de la gripe aviar.
Hay que hacer mucho ejercicio ... hasta que los meniscos, los tendones o los cartílagos te impiden hacerlo por exceso de uso, solución. Ejercicio y berzas sin sal, por supuesto,
Por cierto: el repollo, la lombarda y la coliflor entre otras delicias producen flatos varios. En general la dieta a más vegetal más gaseosa y peor oliente, así como quien no quiere la cosa.
Antes el sonido de los patios a la hora de la cena era el batir de huevos para la tortilla a la francesa. Ahora, dos por semana y.... gracias. Eso sí pierdes su aporte de proteinas.
Tengo una amiga que lleva como cincuenta años a dieta y desde no cogerle el tinte en el pelo por falta de nutrientes a tener que darle proteinas por que ya su cuerpo no las recoge como alimento a falta de todo eso, junto con un exceso de ejercició y la eliminación del pescado azul por las gorduras lo que dañó aún más los cartílagos. Está doblada de dolores y ya no se vale por sí misma.
Conozco casos de que las dietas han llevado a perder la cabeza literalmente .-metafóricamente ya ni os cuento-. Y a eso parece encaminarse cada investigación: a volvernos locos.
Aparte, sñores -por llamarles algo- de la OMS de los claros o no tan claros intereses que rigen sus informes, ¿nos pueden decir algo que podamos comer sin riesgo?
Llevo desde los 17 años a dieta adelgazante, jejejeje, pues desde el infatto tengo que comer justo lo que tenía prohibido. Comprenderéis estoy hasta .... y más arriba de tanta amenaza, tanta prohibición y tanta mierda empaquetada en consejos para mejorar la salud. VAYANSE A FREIR ESPÁRRAGOS, SRES., AUNQUE LES PRODUZCAN CÁLCULOS RENALES, según ustedes, claro.
Sólo he oído una opinión médica sensata sobre alimentación. Acababa de sobrevivr a mi segundo infarto en tres meses y el cardiólogo me dijo "no seas un taliban de la comida".
En fin que me tienen harto, mucho más de lo que podáis imaginar.
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miércoles, 28 de octubre de 2015
domingo, 25 de octubre de 2015
Des segundas (2)
Le salió
buena, la jodía, parecía estar en todas partes a la vez, incansable y con sal
suficiente para dar la respuesta justa y simpática haciendo reír al cliente,
pero sin que a nadie “se olvidara” de pagar. Se acabó fiar y hacer la vista
gorda si un queso llegaba en no tan perfectas condiciones: “ni una deuda por
cobrar ni una trampa por pagar” parecía ser su lema. Apenas sabía las cuatro
reglas pero en poco tiempo aprendió lo suficiente como para hacerse cargo de
las cuentas. Rogelio veía su trabajo reducido a la barra y a dar palique al
parroquiano para que acabara pidiendo otro vino, vamos un cruce entre relaciones
públicas, camarero y chico de alterne.
Por si todo esto fuera poco le salió buena guisandera y antes del año no había
celebración que no fuera en torno a su paella o su cordero asado, bien en el
local, bien llevándoselos a casa. Desde luego había acertado cambiando de mula
pensaba cuando miraba la cartilla crecer y crecer, hubiera sido perfecto si no
fuera por la cama. El cuerpo cada vez más rollizo y sonrosado le provocaba de
un modo incomprensible pero por más que hacía no dejaba de ser hacerlo con una
vaca muerta. Aquello resultó ser el único motivo de discusión entre ellos pero
cuando él levantó la mano para “enseñarla a ser una hembra como Dios manda”, se
encontró con un cuchillo jamonero en la tripa y la misma mirada de vaca muerta
o, lo que venía a ser lo mismo, que le daba igual clavárselo que no hacerlo. No
hubo palabras pero el Rogelio ya supo a qué atenerse y si hubiera tenido los
“cojones” de los que tanto presumía habría reconocido que cogió miedo a su
mujer. El caso es que dejó las cosas como estaban –al fin y al cabo siempre se
dejaba- y ella también.
Fue
Luisa quien se dio cuenta de que el pueblo se les quedaba pequeño, no por que
pretendiese ampliar el negocio sino por qué, uno a uno, sus habitantes iban
dejando el lugar. De hecho, hoy, casi cincuenta años después, sólo quedan allí
Ramón el del Molino con sus cabras y Rosa, amojamada, seca y sumida en un
silencio hostil.
Quizás
fuera el nacimiento del chico al que bautizaron como Jesús lo que decidió a
Luisa a lo que él nunca se hubiera atrevido: trasladarse a Madrid. A esas
alturas Rogelio ya había aprendido que ella tenía mejor ojo para ganar dinero
y, pese a no serle plato de buen gusto, vendieron cuanto tenían, incluso las
pocas tierras que habían heredado aunque nada les producían y se plantaron en
la ciudad. Se instalaron en uno de tantos barrios nacientes donde Luisa –y el
propio Rogelio, aunque ahora lo niegue- creyeron ver un futuro de
urbanizaciones de calles anchas, plazas ajardinadas, clase media solvente y
capaz de apreciar la buena cocina tradicional y contundente de Luisa, pero, por
primera vez, se equivocó y aquel barrio quedó olvidado, los edificios se
construyeron sin orden, sin calles, sin plazas. Montones de ladrillos con
cuatro ventanas eran considerados bloques de viviendas y entre ellos un lodazal
sin alumbrado y, a veces, sin alcantarillado. Sus habitantes fueron obreros que
bailaban al compás de un par de fábricas que por allí había, la plaza a la que
se suponía que iba a dar la fachada del bar y las ventanas de su casa –justo
encima- acabó siendo un callejón retorcido y oscuro al que sólo podían sacar
cuatro mesas en la fresca del verano. El sueño de un local elegante y hasta
unos salones para bodas, bautizos y demás se quedó en un tascucio que servía
algunas comidas a los trabajadores de los garajes y bancos cercanos. Los fines
de semana era una más de las paradas de los aperitivos gracias a las croquetas
de Luisa y a hacer la vista gorda con ciertos trapicheos menores a la puerta.
Rogelio a la barra y Luisa eternamente encerrada en la cocina. Tan sólo
cerraban una semana en agosto para ir, como todos los exilados del pueblo, a
celebrar la fiesta de la Virgen. Para lucir “en feria” como decían todavía,
ella se compraba buena ropa, o algo que lo pareciera, zapatos, bolsos, alguna
joya y hasta perfumes, se maquillaba cuidadosamente pero nada podía ocultar el
progresivo embrutecimiento cerril de sus ojos, las rojeces de sus manos ni el
rictus iracundo de su boca. Uno de sus pocos atractivos de moza habían sido sus
más que bien colocadas y más que abundantes curvas. Ahora, sin cumplir los
treinta y cinco, tenía un cuerpo casi amorfo, obeso, ajado y deformado por el
trabajo constante. Era en suma todo cuanto su marido quería de una esposa. Lo
que nunca se le pasó por la cabeza es lo que quería su mujer de él, lo que, a
fuer de ser sinceros, no requería ni mucha imaginación ni mucho esfuerzo por su
parte: nada; o, por mejor decir, una sola cosa. Que la dejara en paz. Incluso
le era indiferente que la tomara cuándo, cómo y por dónde se le antojara, hasta
ese gusto por exhibirse desnudo delante de ella ni siquiera le molestaba, sólo
le parecía ridículo. Nunca había sentido deseo –y si lo tuvo no fue hacía él,
desde luego- y a esas alturas lo único que le preocupaba del tema cama era no
preñarse.
La
semana de Feria era para ella por un lado un orgulloso exhibicionismo de una
situación económica que no tenía y de un matrimonio feliz, y, por otro, un
esfuerzo enorme por moverse: que si la Romería, que si los paseos rodeando la plaza
una y otra vez con la fresca, que si bajar a la verbena al chico, que si las
ineludibles visitas suponían un sacrificio gigantesco para esa mole incansable,
sí, pero inmóvil. Encaramada en unos tacones, endomingada, del brazo de Rogelio
y con la máscara de una dulce sonrisa vivía aquel martirio de modo que resultaba
irreconocible incluso para el pequeño Jesús. Pero había aun algo infinitamente
peor para ella y no era otra cosa que la arrogancia de su marido convidando a
unos y otros, presumiendo de un dinero que parecían arrancarle de su propia
piel sonrosada. Ocasiones hubo en que la ira fue tan violenta que llegó a
sentirse enferma de veras. Rogelio por su parte gastaba sin tasa, desde luego
para fanfarronear de haber triunfado pero no menos para sentir que gastaba el
dinero que había ganado su mujer y la idea le halagaba mucho más que las
miradas codiciosas, o eso creía él. Pasados los treinta tenía mejor aspecto que
nunca, fibrado, esbelto y con unas canas que no hacían sino mejorarle, lo sabía
y gustaba de ser visto, y ¿por qué no? Admirado.
El
pueblo entretanto seguía desangrándose poco a poco. Los viejos se iban muriendo
y pocos eran los jóvenes y ya no tan jóvenes que no pensaban en hacerlo en un
futuro más o menos inmediato. La Antonia se largó de un día para otro y, dicen,
que se casó con un capitán de caballería en Madrid y que la tiene como una
reina con coche y todo. Rosa en cambio había decidido quedarse con los padres
por la mejora y la Isa por fin se casó con Elías el Rubio en boda de sonada
aunque de menos tronío que la suya. A nadie sorprendió pues el Rubio había sido
el fijo de los chicos que anduvieron con la Isa. No tardaron en marcharse a
Madrid donde Elías había encontrado una portería en el barrio Salamanca . Sí, todos
iban yéndose hasta que un año no se celebró la feria y ya sólo se volvía para los
entierros. Desapareció la talla de la Virgen y parte de la iglesia se vino abajo,
como más de una y de dos casas. Una lenta agonía que nada tenía que ver con el torbellino
vital de la ciudad. Jesús crecía, el trajín del bar que aturdía el pensamiento,
la Isa parió un chico, las cuentas cada vez más ajustadas, las visitas al burdel
de enfrente, los primeros y escasísimos clientes extranjeros, guineanos para ser
más exactos, negros sin más para Rogelio, la Isa parió otro crío, murió la Sra.
Petra y cada noche como si los años no pasaran por él, presa del deseo sin cariño
hacia esas carnes pálidas se lanzaba sobre ellas todavía buscando algún resorte
que provocara alguna reacción; en vano. Ni siquiera se negaba nunca, ni se resistía
a ninguna práctica por extravagante que fuera, seguía siendo una vaca muerta y,
lo reconociera o no, aquello era una humillación diaria para su hombría. Cuando
comenzó a visitar sin recato El gallo de oro esperaba que su mujer montara en cólera
pero no lo hizo, ni cuando se metía en el almacén con alguna clienta caliente, fácil
y medio borracha. Nunca cruzaron una palabra sobre el tema, lo cierto es que apenas
hablaban lo mínimo y por cosas del bar o de las cuentas. Hacía años que habían dejado
de hablarse y ni siquiera se habían dado cuenta.
sábado, 10 de octubre de 2015
De segundas (1)
Al
Rogelio le gustaba La Rosa, a la Rosa le gustaba el Rogelio y a la Sra. Petra
también le gustaba para yerno, tan mozo y ya con negocio propio, sí, era un bar
de pueblo pero estaba segura de que subiría y ya veía a su Rosa de señorona con
coche a la puerta. Por eso hacía la vista gorda y les iba dejando hacer.
Si, al
Rogelio le gustaba la Rosa, pero era una melindres con aspecto de señorita,
manos finas y pocas salud y fuerza. Eso sí, en las eras o la cama era una puta fina,
joder, ni pagando se podía hacer lo que
ella permitía: una verdadera guarra sólo para él, se sobra sabía él lo que se
encontró y que ni miraba a otro mozo. Sin embargo, le convenía una mujer
trabajadora, fuerte y sin miedo a romperse las uñas, como la Luisa, la hermana
de Rosa, o la otra hermana, la Isa, que era la pequeña y ya andaba predicada
por las tabernas y los rosarios. Así que habló cuatro días con la Luisa y la
pidió para casar en poco más de mes y medio.
Luego se
dijo lo que se dijo, que si mucha prisa era esa, que si la Rosa había ido o no
a casa de la Antonia una madrugada, murmuraciones de desocupados. Ocupado sí
que estuvo Rogelio preñando a toda prisa a la Luisa para asegurarla y evitarse
sorpresas, cierto es que ella no se resistió mucho a las ansiosas solicitudes
pero no lo es menos que tirársela era como follar a una vaca muerta, todo
quejas y pudores, “menos mal que a los veinticinco uno la mete en cualquier
cosa que se deje. De momento, preñarla; luego a trabajar y ya le quitaré a
guantazos esos resabios de novicia”, se decía mientras alimentaba el capricho
de completar el trío tirándose al menos una vez a la Isa.
Lo de si
la Rosa fue o no a casa la Antonia le traía sin cuidado. La casa estaba en un
callejón retorcido y solitario, cualquiera ver o inventar lo que le viniera en
gana. Era la Antonia buena moza, esbelta y alta con el pelo color estropajo,
hija de la Tía Frasca y de un rojo fusilado cuando el movimiento, con fama
ambas de adivinas, curadoras de males de ojo, yerberas, remiendavirgos, y
emplastos, echadoras de cartas, espiritistas y parteras. Decían que había
noches en que de su casa salían lamentos de ultratumba y que en luna llena
salían al campo para invocar a Satanás. Es resumidas cuentas, que cuando una
moza iba de noche a la casucha del callejón entraba con un problema y la color
sonrosadas y salía sin el problema y con cara de muerta.
Fue bodorrio
sonado, de los de cinco días que la Sra Petra quería lucir tronío y su marido
negociar la compra de unas viñas. Desde los siete metros de cola del vestido
hasta el último paño higiénico con la L bordada fue exhibido, elogiado y
envidiado hasta la saciedad. Hubo comilonas, juergas, borracheras que podemos
imaginar sin esfuerzo y bastantes más historias que no nos incumben. Fue en la
sobremesa del tercer día, un mediodía abrasador de mayo, tras una monumental
comida en la que la Luisa lució un soberbio aderezo de azabaches y mantón de
manila envolviendo su redondeada figura, cuando la Isa dijo que iba a echar una
cabezada sestera. Desde donde estaba el feliz novio pudo oír el campanilleo de
sus tacones subir a su alcoba seguido de los pasos pesados y cautelosos de un
hombre y, segundos después, de otro, más ligeros y apresurados. La Luisa había
caído en el corro de viejas enlutadas que le prodigaban consejos sobre la vida
conyugal, tardaría en salir del cerco, así que él se escabulló sin demasiado
sigilo.
Al abrir
la puerta de la alcoba de la Isa la encontró desnuda entre los brazos de dos
hombres cuyas ropas aparecían sembradas por el suelo. Vidriados y viciosos, los
ojos de su cuñada menor se clavaron en él. Estaba claro que no estorbaba. Uno
tras otro, Elías el Rubio, Ramón el del
Molino y él entraron y salieron de su cuerpo a placer ahogando gemidos y
mordiendo la almohada para acallar gritos de gozo. Hubiera preferido estrenarla
como a sus hermanas pero ya que no podía ser se revolcó en aquel magma de carne
y fluidos sin cuestionar nada. Vaciado ya, se vistió tranquilamente y salió de
la alcoba mientras el Rubio cabalgaba agónicamente ese cuerpo insaciable y
Ramón sobaba las blancas nalgas del hombre. Se reincorporó a la fiesta
encendiendo un gran habano y deleitándose con la idea de que las tres hijas de
la familia ya estaban herradas por él, y la Sra. Petra todavía estaba de buen
ver.
Al
quinto día de la celebración a la Luisa le bajó la regla y lo que era un
embarazo pasó a ser un retraso. Por lo visto, no sólo él quería asegurar y
apresurar esa boda.
domingo, 4 de octubre de 2015
Octubre
Theodore (Theo) Wilhelmus Nieuwenhuis
(26 de abril de 1866- 5 de diciembre de 1951) era un artista holandés que destacó como diseñador sobre todo. Son evidentes las influencias del cambio de siglo y de la modernidad de las vanguardias. No es mi favorito pero para variar en los almanaques con que inauguramos mes en este blog es perfecto.
Bueno, pues ha llegado octubre y sin vender una escoba, a ver si por Hallowen.
Sabéis que he procurado no hablar de temas candentes durante todo el proceso de elecciones plebiscitarias o no en Cataluña pero soy capricornio, o sea, pesado o constante, según se quiera ver. Hubo unas declaraciones hace unas semanas del ministro de Exteriores que, sinceramente me sentaron como una patada en los mismísimos. Hablo de catalanizar España y valencianizarla. En otras palabras que el resto del país es, somos, gente de segunda fila. Ni soy patriorero ni localista, ni mucho menos nacionalista de ninguna nación pero Sr. Ministro como madrileño nacido en Andalucía, de padre gallego y madre madrileña y abuelos manchegos no siento que tenga que bajar la mirada ante las pretendidas virtudes de ninguna de las autonomías que menciona usted ni de las que no menciona y esa idea de ponernos a todos a seguir un par de modelos, a uno de los cuales parece que quisiera usted hacerle la pelota y al otro por ser uno de sus feudos, es casi casi una bofetada. Está claro que ni a usted ni a ninguno de su partido les debe parecer muy mal eso de abofetear a los votantes bobalicones, como a tal nos tratan, pero quizás alguien debería enseñar en todas esas universidades privadas en las que se educan los ministros del mundo, algunos con fondos públicos, el arte de medir las palabras. Esa frase dicha en una corrala madrileña encaja por que la verdulera que la soltara se encontraría con otra que le responderia a su mismo nivel, no con un compi que la pasa por alto y hace que la pasen por alto los medios.
Octubre es un mes en teoría apacible, de lluvias suaves, de temperaturas suaves, de grises suaves. De vuelta ya a todas las rutinas y, en cierto sentido, de inicio de nuevos proyectos, no al nivel de septiembre o fin de año, pero sí más realistas, más de día a día. Sin embargo, este año el Sr. Rajoy, que mira que por más que hace no loga caerme mal personalmente, se ha cargado, también el mes de octubre y de paso la Navidad poniéndonos las elecciones más delicadas desde el referendum del 78 nada menos que el día 20 de Diciembre. No vamos a saber si las burbujas de Freixenet hacen propaganda electoral o felicitan las fiestas, alguno habrá que se líe y en el sobre del voto meta una tarjeta de felicitación y felicite a un familar con un voto de Podemos. A mí que lo que más me gusta del día 22 es que en los informativos no se habla de política me van a llenar éstos de conjeturas y componendas. No quiero ni pensar el follón que tendrá el pobre Felipe VI -que menudo pastel le dejó papá- a la hora de plantear el discurso de Nochebuena y mucho menos esas entrañables cenas navideñas que acaban a puñaladas que este año acabarán con lanzallamas. Eso no se hace, Sr. Rajoy, hombre, respete usted el turrón, que al fin y al cabo es una de las grandes industrias de ese feudo suyo, tan suyo que va a ser necesario un Cid Campeador para que lo suelten. Ahora a ver por donde sale la Carmena con la Navidad que miedo me da.
Habréis observado que este mes he subido menos entradas. En realidad es que ha sido un mes un tanto tonto para mí, pendiente de mil problemas nimios pero que te ocupan la mente y ahuyentan la musa.Además creo que he de dar un giro y ampliar este blog.
lunes, 21 de septiembre de 2015
El espíritu de una ciudad o "de Madrid al cielo"
No es mi costumbre escribir todos los días en el blog, aunque debería, pero es que hoy me ha ocurrido algo que quería contaros en caliente.
Durante treinta y cuatro años, dos meses al año de vacaciones en un pueblo levantino de "cuyo nombre no quiero acordarme, íbamos al mismo bar a desayunar: dos cafés con leche y dos de churros. Cada día durante dos meses al año, treinta y cuatro años el camarero, el equipo eran tres, nos preguntaban ¡cuatro veces! que queríamos, y otras cuatro como se hubieran acabado los churros, por que había que meterle en la cabeza que lo que queriamos era un par de tostadas. Treinta y cuatro años, los dos meses de verano, vimos a la hija ser Reina de las Fiestas, a los hijos salvados del fuego, que resultó no serlo, vimos como el dueño se largaba con una jovencita dejando a su santa esposa tirada regentando el local, vimos a los hijos engancharse y desengancharse, nacerle dos nietos, a la dueña irse convirtiendo en una especie de madame de morro retorcido y expresión de odio profundo diciendo a las viudas "¡Que suerte has tenido, ojalá el mío!", vimos al hijo mayor montar un local de moda junto a la playa y hundirlo, incluso vimos como la jovencita dejaba al dueño y él se liaba con otra. Lo que en treinta y cuatro años dos meses al año no conseguimos ver es que nos cogieran la comanda a la primera.
Durante este verano, al volver de mis visitas al hospital, tres concretamente, hemos parado en uno de esos bares que tiene mostrador a la calle que con la ley antitabaco han proliferado. Tres veces y tan sólo dos nos atendió el mismo camarero, un chaval sudamericano. No soy especialmente aficionado a la cerveza y el alcohol me pone estupendo pero digo demasiadas tonterías, o demasiadas pocas, no sé. El caso es que las dos veces en estos tres meses dos veces pedimos al camarero "Una con y otra sin". Hoy al vernos llegar: ¿Una con y otra sin eh?.
Y es que, señores, (y permitidme el orgullo del madrileño semifetén y no nacido en Madrid, como los grandes madrileños) esto es Madrid, con sus seis letras, y por encima de obras, robos gobiernos y alcaldes, por encima de esa ciudad pija de Torre Picasso, por encima incluso de océanos se impone el espíritu de Madrid. Mi padre y yo nos miramos y dijimos "igualito que en.....{callaré piadosamente el nombre}" Ese espíritu que hace que en plena Puerta del Sol te pare un desconocido y te diga "verá es que como he visto muchas veces que aparca usted aquí, ¿como se consigue la tarjeta de movilidad reducida?", o que se pasen años y años hablando con alguien sin saber ni como se llama si se tercia, o si se sabe, no se pregunta de qué familia es -dicen que por ahí fuera, lo dice Sabina, esas cosas no ocurren-. El mismo espíritu que hace que una señora al ver que estás enseñando la ciudad a unos amigos se pare y nos comente cosas sobre la Calle de la Pasa, ese Madrid que baila encima de un ladrillo y sobra ladrillo para un pelotazo urbanístico. Ese Madrid capaz de crear personajes como aquel señor de la calle Fuencarral que jamás había ido a Cuatro Caminos pareciéndole el fin del mundo llegar a semejantes lejanías.
¿Una con y otra sin eh? Una frase simple que resume el espíritu de una ciudad que, a pesar de todo, sobrevive.
Ah, y perdón por el orgullo.
Durante treinta y cuatro años, dos meses al año de vacaciones en un pueblo levantino de "cuyo nombre no quiero acordarme, íbamos al mismo bar a desayunar: dos cafés con leche y dos de churros. Cada día durante dos meses al año, treinta y cuatro años el camarero, el equipo eran tres, nos preguntaban ¡cuatro veces! que queríamos, y otras cuatro como se hubieran acabado los churros, por que había que meterle en la cabeza que lo que queriamos era un par de tostadas. Treinta y cuatro años, los dos meses de verano, vimos a la hija ser Reina de las Fiestas, a los hijos salvados del fuego, que resultó no serlo, vimos como el dueño se largaba con una jovencita dejando a su santa esposa tirada regentando el local, vimos a los hijos engancharse y desengancharse, nacerle dos nietos, a la dueña irse convirtiendo en una especie de madame de morro retorcido y expresión de odio profundo diciendo a las viudas "¡Que suerte has tenido, ojalá el mío!", vimos al hijo mayor montar un local de moda junto a la playa y hundirlo, incluso vimos como la jovencita dejaba al dueño y él se liaba con otra. Lo que en treinta y cuatro años dos meses al año no conseguimos ver es que nos cogieran la comanda a la primera.
Durante este verano, al volver de mis visitas al hospital, tres concretamente, hemos parado en uno de esos bares que tiene mostrador a la calle que con la ley antitabaco han proliferado. Tres veces y tan sólo dos nos atendió el mismo camarero, un chaval sudamericano. No soy especialmente aficionado a la cerveza y el alcohol me pone estupendo pero digo demasiadas tonterías, o demasiadas pocas, no sé. El caso es que las dos veces en estos tres meses dos veces pedimos al camarero "Una con y otra sin". Hoy al vernos llegar: ¿Una con y otra sin eh?.
Y es que, señores, (y permitidme el orgullo del madrileño semifetén y no nacido en Madrid, como los grandes madrileños) esto es Madrid, con sus seis letras, y por encima de obras, robos gobiernos y alcaldes, por encima de esa ciudad pija de Torre Picasso, por encima incluso de océanos se impone el espíritu de Madrid. Mi padre y yo nos miramos y dijimos "igualito que en.....{callaré piadosamente el nombre}" Ese espíritu que hace que en plena Puerta del Sol te pare un desconocido y te diga "verá es que como he visto muchas veces que aparca usted aquí, ¿como se consigue la tarjeta de movilidad reducida?", o que se pasen años y años hablando con alguien sin saber ni como se llama si se tercia, o si se sabe, no se pregunta de qué familia es -dicen que por ahí fuera, lo dice Sabina, esas cosas no ocurren-. El mismo espíritu que hace que una señora al ver que estás enseñando la ciudad a unos amigos se pare y nos comente cosas sobre la Calle de la Pasa, ese Madrid que baila encima de un ladrillo y sobra ladrillo para un pelotazo urbanístico. Ese Madrid capaz de crear personajes como aquel señor de la calle Fuencarral que jamás había ido a Cuatro Caminos pareciéndole el fin del mundo llegar a semejantes lejanías.
¿Una con y otra sin eh? Una frase simple que resume el espíritu de una ciudad que, a pesar de todo, sobrevive.
Ah, y perdón por el orgullo.
domingo, 20 de septiembre de 2015
Otoño
Ya está aquí, inevitablemente. No es que no me guste el otoño, al contrario, sino que es preludio de esa espantosa e interminable estación que es el invierno. Sin embargo, hoy quería hablar de algunas cosas variadas que no sé si interesaerán a alguien pero por si acaso me apetece tratar de ellas en plan mesa camilla.
Empezaré por algo relativo al otoño, por tener un mínimo de coherencia, pero del otro otoño, del otoño vital que no se sabe bien cuando empieza. Hay algo que me asombra de esta fase vital: las parejas. No soy capaz de comprender que viudos y viudas puedan volver a encontrar una pareja. Entendme bien, me parece genial para ellos y me alegro de que sea así, pero no lo comprendo. Es tan sumamente complicado encontrar una persona con quien encajar, aunque sea limitándonos a una simple (que no es tan simple nunca por eso es tan valiosa) amistad, que me parece ciencia ficción encontrar dos veces en una vida alguien con quien compartirla y no hablo de personas cuyos matrimonios iban mal, no, eso sería lógico, hablo de parejas que de veras se amaban, de personas que llevaban una vida tan feliz como pueda tenerla cualquiera. Hace tiempo tuve un caso dentro de mi segundo circulo familiar, un tio político volvió a casarse y parece feliz. Ahora, en mi barrio que se pobló de golpe hace 53 años y lógicamente sus habitantes supervivientes ya tienen una edad considerable, veo surgir parejas nuevas, que vuelven a mirarse a los ojos con esa dulzura que puede llegar a ser boba, que se buscan las manos apoyando la otra en el bastón y cuyas principales salidas son a la farmacia. Es algo que queda fuera de mi capacidad mental. Primero por que veo lo que nos cuesta a muchos encontrar una pareja y segundo por que siento que hay un tiempo para enamorarse y poner esa mirada y que se tiempo se acaba como mucho a los treinta. Sin embargo, veo esas nuevas parejas con las tonterías mimosas aunque moderadas de los enamorados, que no son socios en un combate contra la soledad, que me sería más fácil de comprender, y no entiendo nada. Entonces me pregunto si será algunos nacemos con poca o ninguna capacidad de amar u otros con una enorme capacidad de hacerlo inmunes a los baquetazos que te da la vida y las personas.
Cambiemos de tema: cien días del nuevo ayuntamiento madrileño. Según dicen, a lo único que se ha dedicado es a ensuciar las calles que, por lo visto, antes estaban como los chorros del oro. Evidentemente yo tampoco estoy demasiado conforme con su gobierno, lo veo un tanto desnortado, claro que tampoco tiene las redes empresariales ni mediáticas como para ofrecer otra imagen. Igualmente es cierto que se ha hablado mucho y hecho poco, pero ¿en que se diferencia eso de cualquier otro gobierno municipal o no? De momento hay dos cosas que, en proyecto, me parecerían geniales: municipalizar limpieza y jardinería. Eso nos evitaría contratas turbias, subcontratas, subcontratas de las subcontratas hasta diluir por completo la responsabilidad. Tampoco digo que toda la limpieza y jardinería tenga que ser municipal, habrá zonas concretas -sobre todo en jardinería- que quizás fuera conveniente contratar e impedir subcontratas a empresas más especializadas, pienso en los jardines históricos que requieren, desde luego, lo más selecto de la profesión.
Se le acusa de haber paralizado proyectos, cierto, yo hubiera hecho lo mismo para asegurarme de qué y quien estaban haciendo en puntos claves de la ciudad que va pareciendo un Titanic bombardeado desde hace años, eso sí, lleno de camisetas del Barça. Yo, por mi parte, les acuso de falta de rapidez y de contundencia. Todo eso ya debería estar en marcha. Entretanto recemos al patrón de los imposibles, San Judas Tadeo que tiene, logicamente, una gran devoción en Madrid, que la pantera agazapada llamada Aguirre no encuentre resquicio para asaltar un poder que no le pertenece. Y no quiero recordar el tamayazo, mejor dicho, sí, que parece que a todos se nos ha olvidado.
Sobre la lucha contra la prostitución que no sé quien está aplicando si la autonomía o el ayuntamiento de multar a los clientes con nada menos que 30.000€ me parecee una bestialidad. Igual que se permita el tráfico de las mafias con esas mujeres. Soy y seré siempre partidario de la legalización radical de la prostitución. Es decir, documentada, registrada, pagando sus impuestos y con una extrema vigilancia de quien estuviera detrás de cada casa, evitando así la prostitución callejera tan dañina para tantas coisas. Mientras no partamos de intentar que quienes la ejerzan lo hagan libremente y con sus derechos mal vamos por que nunca dejará de existir. La existencia del varón, con y sin pareja es tan exasperantemente solitaria que nunca dejará de buscar un momento de compañía aunque sea fingido.
La soledad del varón por el hecho de serlo no se ha tratado mucho, nada que yo sepa, pero es una realidad desgarradora de la que precisamente se valen las mafias para las bestialidades del trato a la mujer. Voy a poner un ejemplo personal y muy doloroso. En el año 82 murió uno de mis tíos de un infarto, siguiendo la tradición familiar, al volver de su entierro la casa de su viuda era una especie de feria, toda la familia, vecinos, amigos, intentando acompañar a la viuda y al hijo. Exactamente a los cuatro años murió mi madre también de infarto, a la vuelta del entierro nadie, y digo nadie, se quedó en mi casa para acompañarnos a mi padre y a mí. Como hombres se supone que tenemos que ser autosificientes en todo, salvo en las tareas domésticas que somos considerados inútiles totales. Durante meses la casa de mi tía estuvo llena de la familia todos los días, la misma familia que es la mía. A mi casa no vinieron ni un sólo día. En el matrimonio es igual, hay cosas que un hombre no puede compartir con su mujer si quiere que ésta siga respetándole, es una relación disfuncional, cierto, pero mucho más generalizada de lo que parece. No digo que entre los clientes de las profesionales no haya pervertidos, adictos y gilipollas varios pero también hay hombres que necesitan no dar la imagen de invulnerabilidad por un rato, sin contar con los millones que por su físico o por su situación carecen de pareja y por esas mismas causas sean objeto de burlas si intentan entrar en el juego perverso del lío de una noche: tímidos, gordos, deformes, etc. También es cierto que con algunos de estos hombres ni siquiera las prostitutas se acuestan, les dan asco. Sobre algo parecido a este tema se rodó hace poco una maravillosa película "Las sesiones", que aborda, quizás por primera vez el tema. Eso sí, a la Hollywood. Ah, y antes de que empecéis a pensar que soy profundo conocedor del tema he de decir que jamás he pagado por sexo. Desde niño aprendí que nada en las relaciones personales debe funcionar pagando de una u otra manera. Quizás la clave es que ni los clientes ni las profesionales consideran personas a los otros.
Empezaré por algo relativo al otoño, por tener un mínimo de coherencia, pero del otro otoño, del otoño vital que no se sabe bien cuando empieza. Hay algo que me asombra de esta fase vital: las parejas. No soy capaz de comprender que viudos y viudas puedan volver a encontrar una pareja. Entendme bien, me parece genial para ellos y me alegro de que sea así, pero no lo comprendo. Es tan sumamente complicado encontrar una persona con quien encajar, aunque sea limitándonos a una simple (que no es tan simple nunca por eso es tan valiosa) amistad, que me parece ciencia ficción encontrar dos veces en una vida alguien con quien compartirla y no hablo de personas cuyos matrimonios iban mal, no, eso sería lógico, hablo de parejas que de veras se amaban, de personas que llevaban una vida tan feliz como pueda tenerla cualquiera. Hace tiempo tuve un caso dentro de mi segundo circulo familiar, un tio político volvió a casarse y parece feliz. Ahora, en mi barrio que se pobló de golpe hace 53 años y lógicamente sus habitantes supervivientes ya tienen una edad considerable, veo surgir parejas nuevas, que vuelven a mirarse a los ojos con esa dulzura que puede llegar a ser boba, que se buscan las manos apoyando la otra en el bastón y cuyas principales salidas son a la farmacia. Es algo que queda fuera de mi capacidad mental. Primero por que veo lo que nos cuesta a muchos encontrar una pareja y segundo por que siento que hay un tiempo para enamorarse y poner esa mirada y que se tiempo se acaba como mucho a los treinta. Sin embargo, veo esas nuevas parejas con las tonterías mimosas aunque moderadas de los enamorados, que no son socios en un combate contra la soledad, que me sería más fácil de comprender, y no entiendo nada. Entonces me pregunto si será algunos nacemos con poca o ninguna capacidad de amar u otros con una enorme capacidad de hacerlo inmunes a los baquetazos que te da la vida y las personas.
Cambiemos de tema: cien días del nuevo ayuntamiento madrileño. Según dicen, a lo único que se ha dedicado es a ensuciar las calles que, por lo visto, antes estaban como los chorros del oro. Evidentemente yo tampoco estoy demasiado conforme con su gobierno, lo veo un tanto desnortado, claro que tampoco tiene las redes empresariales ni mediáticas como para ofrecer otra imagen. Igualmente es cierto que se ha hablado mucho y hecho poco, pero ¿en que se diferencia eso de cualquier otro gobierno municipal o no? De momento hay dos cosas que, en proyecto, me parecerían geniales: municipalizar limpieza y jardinería. Eso nos evitaría contratas turbias, subcontratas, subcontratas de las subcontratas hasta diluir por completo la responsabilidad. Tampoco digo que toda la limpieza y jardinería tenga que ser municipal, habrá zonas concretas -sobre todo en jardinería- que quizás fuera conveniente contratar e impedir subcontratas a empresas más especializadas, pienso en los jardines históricos que requieren, desde luego, lo más selecto de la profesión.
Se le acusa de haber paralizado proyectos, cierto, yo hubiera hecho lo mismo para asegurarme de qué y quien estaban haciendo en puntos claves de la ciudad que va pareciendo un Titanic bombardeado desde hace años, eso sí, lleno de camisetas del Barça. Yo, por mi parte, les acuso de falta de rapidez y de contundencia. Todo eso ya debería estar en marcha. Entretanto recemos al patrón de los imposibles, San Judas Tadeo que tiene, logicamente, una gran devoción en Madrid, que la pantera agazapada llamada Aguirre no encuentre resquicio para asaltar un poder que no le pertenece. Y no quiero recordar el tamayazo, mejor dicho, sí, que parece que a todos se nos ha olvidado.
Sobre la lucha contra la prostitución que no sé quien está aplicando si la autonomía o el ayuntamiento de multar a los clientes con nada menos que 30.000€ me parecee una bestialidad. Igual que se permita el tráfico de las mafias con esas mujeres. Soy y seré siempre partidario de la legalización radical de la prostitución. Es decir, documentada, registrada, pagando sus impuestos y con una extrema vigilancia de quien estuviera detrás de cada casa, evitando así la prostitución callejera tan dañina para tantas coisas. Mientras no partamos de intentar que quienes la ejerzan lo hagan libremente y con sus derechos mal vamos por que nunca dejará de existir. La existencia del varón, con y sin pareja es tan exasperantemente solitaria que nunca dejará de buscar un momento de compañía aunque sea fingido.
La soledad del varón por el hecho de serlo no se ha tratado mucho, nada que yo sepa, pero es una realidad desgarradora de la que precisamente se valen las mafias para las bestialidades del trato a la mujer. Voy a poner un ejemplo personal y muy doloroso. En el año 82 murió uno de mis tíos de un infarto, siguiendo la tradición familiar, al volver de su entierro la casa de su viuda era una especie de feria, toda la familia, vecinos, amigos, intentando acompañar a la viuda y al hijo. Exactamente a los cuatro años murió mi madre también de infarto, a la vuelta del entierro nadie, y digo nadie, se quedó en mi casa para acompañarnos a mi padre y a mí. Como hombres se supone que tenemos que ser autosificientes en todo, salvo en las tareas domésticas que somos considerados inútiles totales. Durante meses la casa de mi tía estuvo llena de la familia todos los días, la misma familia que es la mía. A mi casa no vinieron ni un sólo día. En el matrimonio es igual, hay cosas que un hombre no puede compartir con su mujer si quiere que ésta siga respetándole, es una relación disfuncional, cierto, pero mucho más generalizada de lo que parece. No digo que entre los clientes de las profesionales no haya pervertidos, adictos y gilipollas varios pero también hay hombres que necesitan no dar la imagen de invulnerabilidad por un rato, sin contar con los millones que por su físico o por su situación carecen de pareja y por esas mismas causas sean objeto de burlas si intentan entrar en el juego perverso del lío de una noche: tímidos, gordos, deformes, etc. También es cierto que con algunos de estos hombres ni siquiera las prostitutas se acuestan, les dan asco. Sobre algo parecido a este tema se rodó hace poco una maravillosa película "Las sesiones", que aborda, quizás por primera vez el tema. Eso sí, a la Hollywood. Ah, y antes de que empecéis a pensar que soy profundo conocedor del tema he de decir que jamás he pagado por sexo. Desde niño aprendí que nada en las relaciones personales debe funcionar pagando de una u otra manera. Quizás la clave es que ni los clientes ni las profesionales consideran personas a los otros.
miércoles, 9 de septiembre de 2015
El Expolio
Clickear esta imagen es una ampliación espléndida para quien no este familiarizado con esta pintura.
Con esto de las reformas de mi alcoba que van empezando a durar más que las obras de El Escorial o que las de la M-30 me veo obligado a enfrentarme a viejas historias. Al principio pensé en cambiarlo todo, quizás hubiera sido la mejor idea pero ni el dinero ni mi desapego escaso me lo ha permitido. Por ejemplo, hoy tocaba decidir de una p... vez qué cuadro iba a ir sobre mi cabecero. ¡Que tontería! ¿Verdad? Pues no, han sido meses de debate y cambios de idea para, al final, dejar el que tenía, pero cambiándole el marco. Con tres como ésta alcanzamos la paz mundial. Además según llevaba el cuadro con marco y todo a la tienda de marcos me he dado cuenta de algunas cosas.
Por ejemplo, que esa lámina lleva sobre mi cabeza más de treinta años, que me la regaló una prima mía sabiendo de mi pasión por el Greco de la que nunca he hablado en este blog y de mi especial predilección por esta obra en concreto. Sinceramente creo que la pintura moderna tiene en este y otros cuadros del Greco sus piedras angulares. Recuerdo que compramos el marco más barato -metal dorado y liso como el encefálograma de algún que otro alcalde- para que no se estropease, entonces no era tan fácil acceder a las imágenes como ahora.
Además esa obra me la envió alguien como tarjeta de felicitación navideña -que también la ocurrencia- y desde entonces me ha acompañado como amuleto a toda clase, examen, conferencia, tesina o tesis que he hecho.
Al entrar en la Universidad no tenía yo mucha idea de El Greco pero pronto me apasioné por su pintura, y cuando tuve que hacer mi primera exposición en solitario ante mis compañeros de clase en tercero elegí como tema nada menos que la obra El Greco en conjunto, hala, que atrevida es la ignorancia. Sin embargo, salió bien, esa fue mi primera clase. Es curioso que la que creo será mi última clase pues el ambiente de centros culturales para adultos está agonizando, haya sido también sobre El Greco, aprovechando la conmemoración del año pasado. Parece que esta obra y yo estamos extrañamente ligados, pues incluso es una de las pocas pinturas que no están en Madrid que he visto en su marco habitual, la sacristía de la de Catedral de Toledo y, por segunda vez, ya restaurada, en El Prado. Nunca lo había pensado pero esta mañana allí eligiendo un marco más decente, me di cuenta que era esta y no otra la imagen que debe presidir mi alcoba. Y no sólo por su inmensa calidad artística sino por lo que de símbolo tiene en la vida de todos, un despojo brutal de ilusiones, de posesiones, de seres amados que es la vida y que sin embargo, nos resistimos a dejar por la inenarrable belleza del cuadro, de la vida. Podría hablar horas sobre este lienzo, pero no hace falta. Habla solo y de algún modo siempre será parte de mí. Lo que no me explico es como he tardado tanto en darme cuenta.
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