Antonio Muñoz Degrain, pintor a caballo entre dos siglos (XIX y XX) lamentablemente poco conocido por el gran público ya dejó testimonio pintado sobre las inundaciones valencianas, concretamente la de 1879. Blasco Ibáñez también. Ambos con obras casi maestras o poco menos. Sin embargo, siguen pareciendo algo nuevo, un fenómeno inesperado con el que nadie cuenta, eso sí, que ocurre cada año en mayor o menor medida y con periodicidad más amplia con carácter de catástrofe apocalíptica. Al menos dos siglos y sigue pillando a gobiernos, instituciones y valencianos de a pie sin preparación alguna, incluso negándose a iniciarla.
En mi ingenuidad no deja de asombrarme que algo tan previsible sea a la vez tan imprevisible, pues debe serlo para que a personajes tan preparados como las cabezas pensantes de ambos reinos (España y Valencia, por que cuando me aprendí las provincias se hablaba del "reino de Valencia") se les pase por alto.
En cualquier caso hoy nos interesa más la imagen. El autor muestra en todo su dramatismo el horror del momento, es importante destacar el aspecto de relato social de la obra, pues nos ofrece una visión de las condiciones de vida de los campesinos a través de los escasos restos de su vivienda. El hombre desnudo atiende a una mujer que lleva en alto un bebé camino de lo que queda de la techumbre de la barraca. Junto a la chimenea una niña y una mujer, que suponemos la familia del hombre intentan alejarse del agua creciente y violenta. Todo muy decimonónico ¿o no?
No hay comentarios:
Publicar un comentario